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Te vi, me viste, nos vimos quién sabe cuántas veces más, quién contó las miradas, quién contó los suspiros, quién llevó la cuenta de los jodidos cariños que me hiciste e hicimos. Ahora imágenes de ultraviolencia vienen a mi mente, todas de golpe, me abofetean, desfilan todas ellas ante mis ojos con la música de Beethoven de fondo: una señora que es atropellada al cruzar una calle, un hombre en un camión muere decapitado al asomar la gulivera por la ventana, un asalto a mano armada al llegar a una calle solitaria, inician con actos comunes y terminan en los más insensibles y crueles que haya pensado… que haya querido ejecutar…

Me queda claro que algo no está bien en mí, he dejado de sentir pena o humanidad por los demás… si es que alguna vez lo sentí… Vi pasar a mi lado a algunas de esas ptitsas a las que les hice daño en el pasado, me miraron horrorizadas, podía nuquear su miedo a kilómetros, está de más decir que me esquivaron, que huyeron de mí…

Intenté ser feliz, intenté ser normal, joroschó, ustedes saben: lubilubar, formar una familia, incluso hasta me enamoré de verdad… pero de nada sirvió…  Sólo se burlaron de mis sentimientos… ¡¡Sólo aplastaron mi corazón!! ¿Para esto querían que fuera un hombre bueno? ¿Para sufrir de este modo tan ruin? Los brachnos como yo no nacimos para tener sentimientos. Mi rota ya no parlará más cosas dulces, ¡tengan cuidado débochcas! Que hay un málchico suelto en la ciudad, listo para hacerlas llorar con su metesaca.

Soy tan sólo un mal fallido rehabilitado del sistema, un besuño que quiere cracar… ¡Quiero crastar! ¡Crichar! ¡Sentir la  sangre escurriendo por mis dedos!

 ¡¡El gran Alex está de regreso!!

Mis labios eran fresas

cuando los mordías,

cuando los besabas(.)

(T)todo en nosotros florecía.

Nuestros cuerpos fueron raíces que se enredaban

bajo el pavimento de tus sábanas.

Tus ojos eran la luz del día

(que me despertaba)

y los míos (la penumbra de) la noche que te resguardaba.

Fui (fuiste) la lluvia y tú(yo) el campo donde vertía alegre llanto.

Nuestras voces, el canto de mil aves en armonía,

nuestras manos (fueron) las herramientas

con las que aramos nuestros campos…

 

¡Pero ya nada de eso existe!

El eclipse se posicionó sobre mis días,

tu voz es hoy sólo un murmullo,

(d)el recuerdo de las aves que emigraron.

Ya no queda más que la luna de mis ojos

iluminando diáfanamente un(el) infértil terreno

y las lágrimas de felicidad

se han convertido en la lluvia negra radioactiva,

la que no sacia,

la que es amarga,

la que vuelve más lenta la agonía…

Y mis labios…

mis labios…

la última vez que los besaste se secaron.

 

Nuestras raíces ya no están unidas,

no somos más que dos árboles talados…

arrancados de tajo…

No somos más que naturaleza muerta (al fin)…

-V.M. Prisca (12/05/12)

Imagen

Es como un grito silencioso mi nocturno llanto escondido, un exhausto nadar contra corriente cuando estoy contigo, ese olvidar que también una es humana con necesidades afectivas por cubrir, ese darse ánimos sola para sonreír, creer, ciegamente creer, que el amor de uno de los dos bastará para subsistir, aún cuando todo a tu alrededor parece sostenerse sobre nubes de humo… Me he convertido en un radio transistor que emite señales sin nada que esperar, ni el sonido de tu voz en el retorno…

 

- Hace 4 días que soñé a mi abuelo. Él lucía muy feliz, incluso más joven, sin contar que ya no estaba ciego… Yo se lo comentaba y él sonreía  animosamente, mientras se movía con destreza como en un partido de básquet y, aunque en el fondo los dos sabíamos que él ya estaba (está) muerto, la atmósfera de tranquilidad y paz permanecía… Luego ocurrió lo de siempre: su boca me profería algunas series palabras, importantes quizás, pero que yo no lograba escuchar, sólo llegaba a mis oídos el sonido de la interferencia de ondas… Desde luego que me desperté frustrada por no haber entendido su mensaje.

- ¿Fue cómo los otros sueños?

- Sí, igual que los anteriores. El primero fue más irreal, ahora a lo lejos hasta lo percibo ya como algo cómico. Eso de que te atropellen cuando Dios (o el diablo) te está a punto de develar el secreto más grande de la vida ¡no! ¡Eso no le pasa a cualquiera!

- O el reciente, el de la llamada telefónica en la que te avisaban del accidente de tus amigos.

- ¡Claro! Con el mismo inoportuno sonido de radio mal sintonizado cuando me daban los nombres de los fallecidos… Otro sueñito más de estos ¡y sí que me pego un tiro!

- Tranquila, no te lo debes tomar tan en serio, mientras no se vuelvan realidad tus apocalípticos sueños ¿qué más te da soñar con otro par de muertos?

- Lo sé, pero tú tampoco deberías sermonearme, nunca fuimos amigas… Ni siquiera estuvimos en el mismo salón y aún así te me presentas a mí, en tu inmaculadamente perpetua imagen de quinceañera desde hace 10 años…

Ella (Adriana) sonríe, aparecen un par de hoyuelos en sus mejillas. Se levanta de su asiento, del pavimento, recoge su ensangrentado vestido de XV y le dice:

- Entonces lo notaste, eso quiere decir que ya estás preparada, ha llegado el momento que sepas que tú e… (interferencia)

Pasaba la mayor parte del tiempo quejándose amargamente con todo el mundo, cualquier nuevo compañero de mesa-banco se convertía en su esclavo, en el pobre incauto de sus frustraciones. Lo hacía en modo casi automático, ni siquiera sé si me miro a mi cuando comenzó su letanía: Resulta que su padre era un tirano (el dictador) que buscaba que se hiciera su santa voluntad tuviera o no la razón. Su madre era la mujer abnegada (el pueblo) que ve, escucha y calla…

Entonces lo interrumpí, para sorpresa suya y la de todos, le conté mi historia de cuando estaba en preescolar y le robé unos billetes de juguete y unos sellos a la hija de la comadre de mi mamá. La niña esa tenía tantos juguetes, tantas cosas, que estoy segura que nunca hubiera advertido que algo le hacía falta… Recuerdo que me dieron una buena friega ese día, hasta me hicieron que le fuera a pedir perdón. Fue la última que le pasaron a mis papás y la última que viví en su “hogar”, de ahí vinieron nuevas casas, nuevos padres, escuelas y demás, así es como he llegado hasta aquí.

Sólo una vez conté esta historia antes, fue a un Padre en secreto de confesión.: –“Dios no nos manda las cosas porque no las merezcamos sino porque nos quiere”. Me contestó ese día, lo recuerdo muy bien. “¡¡Menuda forma de querer!!”, pensé para mí. Pero eso sí, desde aquel día de mi tierna infancia se me quedó bien grabado en la cabeza que no está bien robar, ¡pregúntenme si lo volví a hacer!

Lo anterior lo dije a modo de conclusión para terminar con la anécdota pero ni él, ni el resto del grupo lo dejaron ahí, con cara de consternado apenas y uno de ellos musitó:

-Pero… pero si tú no tienes manos…

-Sí, vaya que aprendí la lección. Le dije después de esbozar un suspiro, como el que expiran aquellos que acaban de contar una gran hazaña.

En mi rostro sentí dibujarse una sonrisa de satisfacción que ni yo misma sabía que poseía. Levanté la cara y aparté unos mechones de mi pelo con mi pequeño muñón…

 
Hilillos de sangre sobre mi gélida cara
y mi cuello
se queda inmóvil
mi cabeza ladeada
escuchando el tic tac de la media noche
como quien aguarda
sólo aguarda
la llegada de la inmortalidad..
 

Nunca había hecho el amor con una mujer calva y de pronto le pareció fascinante. Ver su nuca al descubierto le desnudó algo más que las ideas, su alargada espalda formando el infinito, la gloria dando vuelta en la curva de sus dedos sólo para continuar su recorrido hasta el cenit de su cuerpo y repetir, siempre repetir su trayecto.

- ¿Qué miras? – Preguntó aquella desconocida mujer, como si no supiera el extraño embrujo del que era presa todo aquel que presenciaba aquella ausencia. Ahora él lo sabía, convertido en piedra, no por medusa sino por ella, la extraña mujer sin cabellera que le hizo ver más allá de lo superfluo: el génesis de la Belleza.


Hay un vecino que tiene las jardineras cercadas, repletas de plantas, en una de ellas tiene un gallo al que no le falta agua ni comida, sólo su libertad. El gallo canta casi todo el día, no tiene horario para hacerlo, igual canta en la noche, igual en la madrugada o a medio día, pero siempre que lo hace su canto es lastimero.

En el pueblo hay muchos gallos, todos andan libres por las empedradas calles. Saltan de corral en corral sin que por esto dejen de tener dueño, no digo que no hay gente canija que se los robe para hacer un caldo pero sí son menos los casos de los que serían en la ciudad. Estos gallos saben dónde y a qué hora cantar, y cuando cantan ninguno lo hace de forma lastimera.

A los dos gallos, pueblerino y citadino, les llegará el día en que les corten el cuello y los echen al caldo, o perezcan en una pelea clandestina, o mueran de alguna enfermedad, no lo sé, tantas formas que tiene de morir un animal, pero ¿quién habrá sido más feliz en vida? ¿El que recibió lo esencial pese a estar enclaustrado o el que estando en libertad tuvo que batallar para poderse alimentar?

Dichosos los pollos multicolores de la ciudad, que perecen de hambre, de frío, de tristeza o por imprudencia de un chiquillo que los pisó al caminar, porque ellos ya no verán la clase de gallos alienados y tristes en que se convertirán… Ni perturbarán a más gente como a mí, entonando tan amargas canciones de crueldad.


Hay un vecino que tiene las jardineras cercadas, repletas de plantas, en una de ellas tiene un gallo al que no le falta agua ni comida, sólo su libertad. El gallo canta casi todo el día, no tiene horario para hacerlo, igual canta en la noche, igual en la madrugada o a medio día, pero siempre que lo hace su canto es lastimero.

En el pueblo hay muchos gallos, todos andan libres por las empedradas calles. Saltan de corral en corral sin que por esto dejen de tener dueño, no digo que no hay gente canija que se los robe para hacer un caldo pero sí son menos los casos de los que serían en la ciudad. Estos gallos saben dónde y a qué hora cantar, y cuando cantan ninguno lo hace de forma lastimera.

A los dos gallos, pueblerino y citadino, les llegará el día en que les corten el cuello y los echen al caldo, o perezcan en una pelea clandestina, o mueran de alguna enfermedad, no lo sé, tantas formas que tiene de morir un animal, pero ¿quién habrá sido más feliz en vida? ¿El que recibió lo esencial pese a estar enclaustrado o el que estando en libertad tuvo que batallar para poderse alimentar?

Dichosos los pollos multicolores de la ciudad, que perecen de hambre, de frío, de tristeza o por imprudencia de un chiquillo que los pisó al caminar, porque ellos ya no verán la clase de gallos alienados y tristes en que se convertirán… Ni perturbarán a más gente como a mí, entonando tan amargas canciones de crueldad.

Debí haber estado ahí, con ellos, con mis viejitos. Ver de nuevo a Don Manuel haciéndome reír mientras quizás aún llora por dentro. Improvisando en una comedia negra, ácida, con la que siempre me mantuvo atenta. ¿Se habrá acordado de mi al menos un instante?

 

Imaginar a Teté con su enorme sonrisa, sus profundas arrugas, quizás olvidando sus líneas y volteando a ver al maestro… ¿Habrá ido Don Fernando? ¿Habrá aceptado ir como espectador cuando siempre fue la estrella? Nunca olvidaré su participación en la pastorela, en su papel de ángel autóctono: vestido como danzante pero con una peluca rubia tipo Cristóbal Colón, los labios mal pintados y unos grandes chapetes rosados.

 

¿Y lucecita? Estoica como buena enfermera pero siendo la mejor y más humana que he llegado a conocer. ¿Le habrán dado de descanso el día de hoy? Debió terminar exhausta como en aquellos maratónicos festivales que compartimos en el CEDESEN (Centro de Desarrollo de la Senectud)… No, no creo que le dieran el día, Iván es un tirano, krishna pero tirano.

Me bajé del camión en una colonia conocida, caminé entre enormes casonas viejas, de grandes jardínes con enredaderas, de prontó paré en una especie de templo, pero no era uno católico, tenía sólo un cierto aire pero estaba segura que no era de esa u otra religión conocida… Casi podría jurar que era como aquel edificio de la película de Jodorowsky: “Santa sangre”.

Entonces entré a ese lugar, efectivamente tenía un cierto aire a templo cristiano pero no lo era, el ambiente se sentía extraño, denso, había serpientes, creo que también vi algo de carne en una charola, parecía todo dispuesto para un ritual de brujería… Recuerdo también haber visto un montoncito de tierra, afuera o adentro del templo, no lo sé, pero eso fue lo que vi…

Lo aquí descrito fue lo que se me presentó más claro en mi sueño, mismo que no recordé en todo el día hasta hace un momento, cuando de la nada me vinieron a la mente las imágenes que perturbaron mi descanso…

¿Me estarán haciendo brujería? XD

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